Ludopatía
Por: Alberto Pinzón Sánchez
El Presidente de Colombia, recurriendo al lenguaje zafio que le enseñó su jefe el Capo mayor, ha sacado de su escarcela en su reciente gira internacional por Suramérica el dicho popular de que “al perro no lo capan dos veces”, para referirse peyorativamente a la frustrada experiencia de los diálogos de paz de Caguán, y por supuesto, llenar de silogismos al filosofo Obdulio quien así lo acaba de manifestar en su columna habitual del diario Español El Tiempo-Planeta-Familia Santos.
Capar es un verbo castizo que significa castrar o emascular y según la academia de la lengua tiene origen en la palabra latina Cappo, con lo cual el giro semántico queda redondeado. Pero es evidente que Santos quiere decir que alguien (no dice quién) ha sido capado y en consecuencia no lo pueden volver a castrar dada las características de que los órganos sexuales no retoñan. Se supone que con frases tan chuscas se pretende cambiar en el imaginario popular la certeza de que en el Caguán como en todos los anteriores intentos de Paz (Tlaxcala, Caracas, Casaverde. etc) quien ha sido emasculada ha sido la oligarquía trasnacional colombiana en su viejo y reiterado intento de derrotar en la mesa de negociaciones a la insurgencia guerrillera, para no tener que realizar las reformas estructurales que subyacen en la base del histórico conflicto social y armado colombiano, y para seguir imponiendo la cultura mafiosa del olvido empeñada en vivir el día a día, porque “mamita, mañana no sé si estoy vivo”.
En el libro “La Palabra bajo el Fuego” de Andrés Pastrana. Editorial Planeta Agosto 2005 en donde el expresidente “caguanero”, con la “exuberancia” mental que le conocimos los colombianos, explica machaconamente su objetivo oculto de llevar a la guerrilla a la mesa de negociaciones para ganar el tiempo necesario, reorganizar y rearmar al ejército colombiano con armamento estadounidense y adelantar la guerra geoestratégica del Plan Colombia, presentándolo ridículamente como “el Plan Marshall” de Colombia; en la página 47 escribe lo siguiente:
….”en dicho grupo de análisis, encabezado por el representante de las Naciones Unidas en el país Francesco Vincenti, participaban además de (Álvaro) Leyva, James Lemoyne -norteamericano, funcionario de la ONU, con gran experiencia en procesos de paz- Juan Manuel Santos, Juan Manuel Ospina, Darío Berberena, Alfredo Molano, Mario Flores y William Ospina y se citaba frecuentemente a diversos personajes de la sociedad, de los gremios, de las Fuerzas Militares, a exconsejero de paz, para escuchar sus puntos de vista en un importante esfuerzo de concertación y exploración de opciones”… (Página 47.Op cit.)
De manera que las opciones de Juan Manuel Santos para la capada (siguiendo con su lenguaje lúdico) también fueron exploradas y más qué tenidas en cuenta por el presidente Pastrana, vocero único en ese momento de la oligarquía transnacionalizada colombiana. No hay entonces razón para la queja sexual de Santos después de diez años del fracaso de la estrategia del “garrote y zanahoria” con la que se pretendió derrotar a la insurgencia guerrillera en el Caguán, y que fuera defendida acérrimamente por él mismo en ese “grupo de análisis”, secundado por el “liberal” Pardo Rueda miembro de la campaña de Pastrana, e impuesta desde el inicio de las negociaciones bajo la fórmula perversa de “negociar en medio de la guerra” con la ayuda fácil de las “Fuerzas Militares” y de Madeleine Albright la secretaria de Estado de la administración Clinton de los EEUU.
Pero pasada una década de militarismo ruinoso e inútil, lo que hoy se ve objetivamente el Poder dominante de Colombia, es el atributo personal de cualquier personalidad obsesivo-compulsiva o adicta al juego del póker, de “simular y disimular” para ganar a toda costa (dos verbos parecidos pero distintos) con que se pretende manejar un asunto tan trascendental como la solución política al conflicto histórico social armado de Colombia: Ya no es el cuentico de la “llave de la paz” cuya cerradura ha cambiado en estos 10 años de “seguridad democrática uribeña” o fascismo vulgar.
Es el jueguito ahora ampliado a la “puerta de la paz”, que según las conveniencias de con quien se encuentre estará “cerrada” (Piñera 14 de Agosto) o “medio cerrada” (Cepal 17 de Agosto) o “siempre abierta” (Kirchner 18 Agosto) y que trasluce detrás del claro-oscuro de la entrada, las tres cartas del jugador avezado de póker pero ahora separadas: 1-la concertación o zanahoria 2- el garrote represivo y 3- el cerco militar contra objetivos de alto valor estratégico (OAVE) para ver con cual gana, mientras el pueblo colombiano que ha dicho clara y masivamente en el pasado encuentro de Barrancabermeja que el dialogo es la ruta !YA!, sigue poniendo los muertos, los desaparecidos, los fusilados y los exiliados.
Presidente Santos, después de haber medido los riesgos y saber ciertamente cuales cartas ya han sido jugadas ¿sigue pasando o se restea?