INFANCIA
Desde adentro,
desde adentro,
desde el fondo del abismo,
viene corriendo a mi encuentro,
un niño que soy yo mismo.
Oscar Alfaro
Por Maria Joaniquina
El hombre es lo que fue de niño. Somos el reflejo del medio ambiente donde vivimos, donde nos formamos y crecimos. Este savio probervio ”el niño es el padre del hombre” Pues se niega ha abandonarnos, somos lo que fuimos de niños. Todos tenemos un pasado, un presente, un punto de referencia, en este conglomerado mundo de experiencias, anécdotas llenos de luz y de sombra, que nos dio flortaleza o se niega ha abrir las puertas de nuestro subconsciente.
El niño habita en nosotros, se esconde y juega en nuestro interior, muchas veces martillando nuestro corazón que desangra por amor, o de cuando en cuando saca sus juguetes para jugar con la armonía de nuestras mariposas dormidas, o para liberarse de ese mundo que le aprisiona , de ese mundo hecho de malos recuerdos, que se niega a liberarnos, que se niega ha aceptar el mundo cognositivo que le rodea.
La sociedad patriarcal permite que los padres consideren a sus hijos como propiedad privada, formándoles a su imagen y semejanza y violando las convenciones sobre los derechos del niño: ” La convención sobre los derechos del niño (CDN) es un tratado internacional de las Naciones Unidas por el que los estados firmantes reconocen los derechos del niño.
"La convención está compuesta por 54 artículos, que consagran el derecho a la protección de la sociedad y el gobierno, el derecho de los menores de 18 años a desarrollarse en medios seguros y a participar activamente en la sociedad. La (CDN) reconoce a los niños como sujetos de derecho, pero convierte a los adultos en sujetos de responsabilidades. Fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989"
CONVENCIÓN SOBRE LOS DERECHOS DE LOS NIÑOS
INFANCIA
Después de mi partida
El otoño sufrió hasta la úlima hoja
La lluvia se rompió en mi quirquincho
Y mi perro ladró hasta el último hueso
Después de mi partida
La noche envejeció en mi cama
Y la luna murió
En el rincón de mi cuarto
Después de mi partida
Llegué sin rosro al mes de enero
Descalza caminé en su invierno
Y desnuda llegue sin cuerpo a su entierro
María Joaniquina