Pasajes y personajes de la guerrilla de Ñancahuazú

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Por Victor Montoya

 

La guerrilla de Ñancahuazú no fue un acontecimiento espontáneo ni aislado en las selvas del sudeste boliviano, sino una gesta que, desde un principio, contó con el beneplácito del Partido Comunista de Bolivia.

 

Los preparativos del foco guerrillero

A mediados de 1965, cuando algunos militantes jóvenes, que por entonces estudiaban en La Habana, solicitaron a Jorge Kolle Cueto autorización para someterse a un intensivo entrenamiento guerrillero, éste, a la sazón segundo secretario de su partido, no vaciló en darles su consentimiento, al igual que Mario Monje, quien se comprometió con Fidel Castro para iniciar en breve plazo la lucha armada en Bolivia.

Una vez que los jóvenes concluyeron su capacitación en el campamento guerrillero, Mario Monje se apresuró a celebrar un “pacto de sangre con ellos, consistente en pincharse la vena y dejar gotear la sangre al suelo, jurando combatir por la liberación del país hasta vencer o morir”. Cuando se le informó que el mismo Che Guevara comandaría la guerrilla, Monje exclamó: “Con el Che combatiré donde quiera pudiera ser”. Empero, al informarse de que la lucha asumiría proyecciones internacionales, guardó un sospechoso silencio.

A medida que los preparativos del foco guerrillero llegaban a su fase final, un miedo acosador se apoderaba del corazón de los traidores. Mario Monje, quien al principio parecía el más intrépido, comenzó a desechar los proyectos que él mismo concibió en Cuba. El escritor Jesús Lara, ilustrando este acto cobarde, dice: “Su tremendo desacierto estuvo en habérselas dado de valiente ingresando al campamento guerrillero, haciendo aquel ostentoso pacto de sangre y predicando la lucha armada, sin prever las consecuencias”. Luego añade: “Destacó a Coco Peredo a fines de octubre, con la misión de ir a transmitir a Inti la orden de poner fin al entrenamiento de la gente en el campamento (cubano). Empleaba el efugio que claramente mostraba su propósito de esquivar su compromiso, dejando burlado a tantos jóvenes que habían depositado en él su fe y su confianza”.

El 12 de noviembre de 1966, Inti Peredo llegó a Cochabamba. Aprestó sus enmiendas y se marchó hacia El Pincal, junto al Río Ñancahuazú, donde su hermano Coco, Rodolfo Saldaña y Jorge Vázquez Viaña adquirieron un latifundio vasto, boscoso y accidentado. Simultáneamente al viaje del joven guerrillero, Jorge Kolle Cueto hubo de comentar, como desconociendo el estallido del foco guerrillero, que se gestaba a espaldas del Partido Comunista una acción armada, dirigida por extranjeros y un núcleo de bolivianos, a pesar de haber sido él quien informó en el Congreso del Partido Comunista de Uruguay que, en Bolivia, se preparaba la lucha armada con proyección continental.

Cuando Mario Monje se internó en Ñancahuazú, acompañado de Coco Peredo, a fines de diciembre de 1966, estaba muy nervioso y, dándoles la mano a los guerrilleros, les saludó fríamente. Discutió la jefatura de la guerrilla con el Che; entretanto el Inti, quien estaba ya seguro de que la organización en la cual moldeó sus ideales no se incorporaría a la lucha, y mucho menos Monje, apuntó en su diario de campaña: “Monje me pidió conversar con los compañeros bolivianos. Inmediatamente consulté con el Che para preguntarle si esto era posible. Che contestó afirmativamente. Se inició entonces una reunión dramática, tensa a veces, persuasiva en otros pasajes”, Y, a la pregunta de por qué era el desacuerdo, Monje contestó con firmeza: “El mando militar es una cuestión de principios para nosotros, tan de principios que el Che no me lo quiere entregar. Por eso nuestro desacuerdo es absoluto (...) Las palabras de Monje nos indignaron –dice el Inti–, sobre todo, cuando calificó al Che de ‘extranjero’, negándole estúpidamente su calidad de revolucionario continental. Pero su vergüenza llegó al extremo cuando nos propuso desertar”.

El Che, en un mensaje dirigido a Fidel Castro, evaluó este encuentro como sigue: “Leche: la entrevista se realizó. Estanislao (Monje) planteó tres puntos para aceptar (que el PCB apoye a la guerrilla y que ésta esté dirigida por el Che). 1. Salir elegantemente de la dirección del partido. 2. Ser el jefe real del movimiento mientras éste tuviera magnitud boliviana. 3. Realizar una gira por América para convencer a los partidos de que se debe apoyar a los movimientos de liberación. Contesté que el 1 y el 3 los solucionara como le pareciera, el 2 no lo podía aceptar”. Y, en su mensaje del 23 de enero de 1967, lo consideraba ya a Monje su enemigo, exactamente como al general René Barrientos Ortuño, presidente boliviano de entonces.

Fidel Castro, a tiempo de revelar el diario del Che, atacó al primer secretario del Partido Comunista de Bolivia, acusándolo, sin vacilaciones, de saboteador y traidor. Palabras que, en ese contexto histórico, no sólo se referían a Monje, sino a todos quienes no cumplieron con su compromiso.

Sin embargo, el día en que la declaración de Castro trascendió a la prensa, los traidores de la guerrilla, que lucen de comunistas, pegaron el grito en el cielo y escribieron en su periódico: “El Partido Comunista de Bolivia no acepta la tutela de nadie por revolucionario, genial o experimentado que fuere”. Tiempo después, como era de suponer, Fidel Castro recogió sus palabras en un artículo que, además de servir de introducción a “El Diario del Che”, decía textualmente: “Mario Monje, esgrimiendo el título de Secretario del Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutir al Che la jefatura política y militar del movimiento, sin tener ninguna experiencia guerrillera ni haber librado jamás un solo combate. Pero Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a unirse a la guerrilla”; hecho que fue “criminalmente frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes y maniobreros”.

Jesús Lara, corroborando esta afirmación, escribió: “Un día entre mayo y junio de 1967, se presentó Loyola Guzmán al comité regional de Cochabamba con una nota de Jorge Kolle. Traía la misión de gestionar el refuerzo en hombres a Ñancahuazú, Esa noche el comité regional, reunido en pleno, acogió ahincadamente la petición y accedió a ella. Se dijo que había veinte jóvenes dispuesto a partir. Loyola regresó a La Paz, satisfecha de haber cumplido con éxito su misión. Debía en seguida enviar de allí un instructor y guía encargado de conducir al refuerzo a la montaña. Pero al día siguiente mismo llegó de La Paz un funcionario con la contraorden terminante del propio Kolle: el comité regional de Cochabamba no debía mandar un solo hombre a Ñancahuazú. Los camaradas que desearan ir a incorporarse a la guerrilla debían hacerlo por cuenta exclusiva, sin comprometer en lo más mínimo al partido. De ese modo la decisión del comité regional quedó frustrada”.

Una vez que los traidores fueron revelados por los acontecimientos históricos, no tuvieron otra alternativa que dar un giro a sus concepciones, puesto que Ñancahuazú no era más en sus escritos ni en sus labios la epopeya precursora de la revolución socialista, sino una aventura infortunada. El Che dejó de ser patriota latinoamericano para trocarse en estratega equivocado y los guerrilleros en pequeños burgueses desesperados.

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