LA INCONSTANCIA

Publicado en por unidad-popular.over-blog.es

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Se define a la inconstancia como a la falta de permanencia o estabilidad de una cosa; pero la definición, aplicada a las personas, no alcanza para medir la magnitud del problema que puede significar ser inconstante.

 

Se podría llegar a aseverar que una persona es inconstante o falta de perseverancia, cuando ha pasado por muchos trabajos u oficios; o haber iniciado varias carreras sin alcanzar a terminar ninguna; o haber tenido varias relaciones sentimentales, todas terminadas abruptamente; o haberse mudado de casa incontables veces; etc.

 

La inconstancia tiene una marca propia, la cual es, no terminar, no concluir, abandonar, cambiar sobre la marcha. Lógicamente podría pensarse en insatisfacción o en veleidad; sin embargo, y aún cuando estas emociones podrían estar presentes, la inconstancia responde a algo más profundo, a cierta imposición adquirida, al miedo o temor al fracaso y a la frustración y, fundamentalmente, a la estima que se tiene de sí mismo en cuanto a capacidades se refiera.

 

Una persona inconstante se justifica, se ha justificado y habrá de continuar justificándose cada vez que lo necesite; se excusa a sí misma y hace transferencias de culpas casi siempre. Pareciera ser consciente de su inconstancia y, a la vez, no tomar real consciencia de la acumulación de sus frustraciones. Verdaderamente es impaciente; el lapso que va entre el inicio de algo y su conclusión siempre le parece demasiado extenso; además, le asalta, a mitad de camino, la incertidumbre respecto a su capacidad de poder lograrlo.

 

Se hace obvio que nadie es inconstante porque lo quiere, por propia decisión; también es obvia la dificultad que la persona inconstante tiene para cambiar su situación. La dificultad radica, precisamente, en la propia inconstancia. No le es posible cumplir un tratamiento, lo abandonará a poco de haberlo comenzado, aún cuando esté en manos del mejor de los profesionales.

 

La inconstancia puede tomarse como una cualidad de la persona o entenderse como la base o el fundamento de la personalidad. Si fuese solamente una cualidad, fácil sería su remoción; pero si se trata de un pilar sobre el que la persona ha edificado su personalidad y carácter, la cosa se pone difícil en grado sumo.

 

Casi siempre la inconstancia se trata sobre la base del complejo de inferioridad ya que el individuo puede sentirse inferior por no ser capaz, por carecer de fe, por falta de creencias, por no poder perseverar; en fin, se trata por sus falencias antes que por sus tenencias; se tratan las consecuencias antes que la causa. También suelen explorarse, en el tratamiento, los miedos y las fobias; de nuevo, consecuencias antes que causas. A veces se confunde inconstancia con desorientación, inmadurez o, como se dijo al principio, con veleidad, insatisfacción, indecisión, etc.

 

No obstante todo ello, la inconstancia al ser algo permanente, prácticamente deja marcas y huellas en la vida del individuo, a más de un cúmulo de decepciones y frustraciones; por supuesto que también traerá aparejada un buen número de síntomas y afecciones; y, por sobre todo, una carga emocional y energética cuyo incremento va a ir produciendo derivaciones nunca bien ponderadas.

 

Decíamos que el inconstante no lo es porque sí o porque lo quiera; ello prueba un mandamiento o imposición; también prueba la imposibilidad de dejar de serlo. Hay una actitud mental (que no necesariamente ha de ser considerada como defecto tempranamente) que le lleva a la no conclusión, a no finalizar, a renunciar, a no poder, ni querer presenciar el éxito o la derrota; como una negación a llegar, no puede llegar al fin de la cosa emprendida (aunque no por esto la cosa en cuestión pueda no ser finalizada). Muchas personas utilizan lo hecho por el inconstante y terminan el emprendimiento; puede tratarse de una casa, por ejemplo; o una familia. El inconstante comienza, otros lo finalizan. Así, de manera consciente, por conocer su condición, comienza o inicia lo que sabe que otros habrán de concluir. Bajo este particular punto de vista, el inconstante es un continuo e incansable iniciador de cosas, un emprendedor, lo cual no constituye en modo alguno un defecto. El defecto es la falta de perseverancia, pero ¿Quién podría, a ciencia cierta, aseverar que el inconstante desea ver el final de su obra? ¿De qué forma se podría discernir que la actitud mental sea solamente la de iniciar un proceso sin la intención de finalizarlo?

 

La persona inconstante puede reconocerse a sí misma como tal, sólo cuando la inconstancia representa un obstáculo en su vida, un bloqueo, un problema que no le deja vivir plenamente. De otro modo, sólo es inconstante para quienes lo vemos o conocemos. Lo tildamos por sus acciones y hasta podemos criticar su falta de compromiso, de continuidad, de perseverancia; quizá, en el fondo, lo hacemos porque envidiamos la facilidad con que puede cambiar sus circunstancias.

 

Pondré un par de ejemplos al sólo efecto ilustrativo.

 

El muchacho o la chica se abocan a la tarea de prepararse para rendir los exámenes de ingreso a la carrera de medicina (exámenes estos que no aprueban más del 80% de los inscriptos). Estudian con ahínco, de día, de noche, roban horas al sueño. Finalmente lo logran, aprueban. Al poco tiempo, abandonan la carrera. El objetivo, de esta chica o este muchacho, evidentemente era pasar el examen y no realizar la carrera. El desafío era el examen; jamás tuvieron la intención de ser médicos. Pero los demás, los veremos como inconstantes; especialmente aquel 80% reprobado. 80% es un parámetro importante; lo suficiente como para teñir de verdad las manifestaciones de la envidia.

 

María inicia un movimiento político; logra adeptos y crea una fuerza que se corona como partido político; lo inscribe ante la justicia electoral y consigue la aceptación como partido junto con sus reglamentos, estatutos y plataforma política. En una compulsa interna María es elegida como Presidente del partido. Hay elecciones y aunque María no se ha postulado para ningún cargo, el partido se posiciona convenientemente ante el electorado y logra colocar intendentes, diputados y senadores.

 

Es entonces cuando María renuncia a su cargo y alpartido. Se retira de la actividad política por decisión propia; pero deja un partido político funcionando y en óptimo estado. ¿María es inconstante o solamente se había propuesto llegar hasta allí?

 

Se ha pretendido graficar con estos ejemplos que, muchas veces, somos los demás quienes creemos en la inconstancia y la vemos como un defecto en el otro, que debe tratarse clínica o psiquiátricamente o con tratamientos farmacológicos.

 

Nada es constante ni permanece quieto sobre la faz de la tierra (ni fuera de ella); las personas tampoco. De modo que la inconstancia podría llegar a ser algo tan natural como cualquier otra cosa de la naturaleza. El ego pretende constancia y perseverancia para obtener potestad, mantener su dominación sobre la mente. A lo mejor, el inconstante se halle en lucha permanente contra su ego, oponiéndose incansablemente a sus designios, rebelándose una y otra vez; aún a costa de sus infortunios.

 

Constancia e inconstancia son solamente partes del mismo todo (extremos). De hecho, hay una constancia y perseverancia para mantenerse inconstante.

 

Por otro lado, no es inconstante aquel que busca su camino; el que quiere experimentar o investigar en distintos caminos; el que prueba para decidir; el que necesita ver para creer; el que no acepta incondicionalmente la voluntad ajena. La libertad de la voluntad probablemente refleje inconstancia; pero, es un reflejo que vemos los demás. La persona que ejerce libremente su voluntad, raramente se condiciona por lo que refleja, ni es susceptible a la opinión de los demás; y, por supuesto, no busca ni necesita la aprobación de los otros.

 

El individuo inconstante es propiciador y, generalmente, puede detectárselo tempranamente en su vida. Hasta podría reconocerse a sí mismo bastante más pronto que los demás; por las constantes discusiones con los padres; por un alejamiento temprano de la casa paterna; por sus ideas contrarias a la corriente; por la dificultad para acogerse a los reglamentos y a lo establecido porque es así; porque constantemente anda buscando la sabiduría; porque, quizá, se margine por saberse diferente al resto; porque por sus experiencias puede convertirse en un erudito, más por lo experimentado empíricamente que por lo leído.

 

La inconstancia puede y debe ser tratada solamente cuando fehacientemente se comprueba como defecto y realmente obstaculiza el normal desarrollo de la vida, produciendo infelicidad por insatisfacción, inferioridad o rechazo. No siempre y en todos los casos la inconstancia constituye un defecto a reparar. Si la naturaleza da cabida en su seno a los inconstantes, quizá sea para mostrar al resto que puede combatirse al ego… Claro que el resto somos todos los demás, y quizá, seamos mayoría; por eso seguiremos haciendo lo indecible para llevar al inconstante a un tratamiento médico o, al menos, para hacerle notar, cada vez que se pueda, su inconducente e imprudente actitud.

 

Etiquetado en Poesía y Reflexiones

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Alma Joaniquina 03/15/2011 04:51


Sal vence quién pueda!!.. con esta persona VAIVÉN!.
Así como se describe a esta inconstancia aguda, aparte de ser inestable no se puede, ni se debe confiar.. porque su ajusticiamiento ya lo dice.

Ojalá que exista profesionales quienes puedan combatir a esta peste que invade el cuerpo como un demonio que solo consigue destruir cada paso que da.