COLOMBIA: DESPARPAJO CRIMINAL

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Por: Darío Botero Pérez

 

Los furibistas raizales son tan arrogantes y delincuentes, y han contado con tanta complacencia de amplios sectores a los que han logrado embaucar, que no temen ufanarse públicamente de sus crímenes cuando se vuelven de conocimiento público, de modo que negarlos los desacreditaría ante quienes todavía les creen sus mentiras. En tal caso, se esmeran en presentar sus delitos como virtudes, en el mejor estilo goebbeliano.

 

Así lo ha hecho el gran maestre José Obdulio Gaviria Vélez en Cable Noticias, al afirmar que continuamente se comunica con Luis Carlos Restrepo, el Alto Comisionado para la Paz a quien la justicia colombiana está buscando por todo el Mundo.

 

Desde luego, ese delito de encubrimiento de un acusado, cuando es reconocido libre y espontáneamente por su autor, constituye una prueba irrefutable de éste y cualquier otro delito.

 

En consecuencia, la justicia debe asumir de oficio el caso para abrirle proceso penal al confeso delincuente, que tantos delitos ha cometido en su vida, como lo demuestran sus antecedentes, pese a que la justicia venal y cobarde no se haya atrevido a juzgarlo.

 

La justicia criolla, timorata, calculadora y corrompida, hecha para perseguir a los de ruana, teme sus conocidos aunque no reconocidos lazos con el cartel de Medellín, que existen desde su fundación por don Fabio Ochoa Restrepo, un auténtico intocable que inspiró las prematuras inclinaciones patriarcales de Álvaro Uribe Vélez y le armó su equipo de gobierno.

 

De dicho equipo hizo parte Pedro Juan Moreno, prematuramente helicopterizado por sus posiciones antiuribistas, expresadas en su revista La Otra Verdad. Todo ello fue consecuencia de que, una vez el singular dictador asumió la presidencia, se negó a nombrar a Pedro como su ministro de gobierno, luego de que lo utilizó para crear las CONVIVIR cuando fue gobernador de Antioquia entre 1995 y 1997.

 

En cuanto a José Obdulio, otro integrante de esa camarilla de extrema derecha y afinidades criminales, se lució en los ocho años de abierta dictadura mafiosa-neoliberal, actuando como asesor inconstitucional de su pariente.

 

Su etéreo cargo le permitió conocer e influir impunemente, sin ninguna responsabilidad legal, todos los secretos de Estado. También, promover y determinar conductas tan perniciosas como los diálogos en palacio con delincuentes buscados por la justicia, o las famosas “chuzadas”, o espionaje ilegal a los ciudadanos.

 

La autoría intelectual de éstas, en caso de que no puedan eludirla definitivamente, se la quieren endilgar exclusivamente al señor Bernardo Moreno, quien sí ejercía un cargo constitucional como secretario privado del presidente. Y era pagado por el erario colombiano, no por una entidad extranjera, como sucedía con José Obdulio.

 

En consecuencia, es de esperarse que los jueces se den por enterados del delito confesado públicamente por el ciudadano José Obdulio, de modo que dejen de reconocerle privilegios que no tienen ningún fundamento legal ni constitucional.

 

Es obvio que la negación de juzgamiento constituye prevaricato por omisión, lo cual convierte a los jueces en cómplices de los delincuentes que nos asolaron durante ocho lamentables años de dictadura. Pavorosamente, se esmeran por revivirlos en vez de pagar sus graves y permanentes delitos de todo orden. ¡Abusan porque no hay quién se los cobre!

 

En concreto, los jueces tienen la obligación de llamar a juicio al personaje, antiguo abogado de Pablo Emilio Escobar Gaviria, su primo, y exigirle que revele lo que sabe sobre el paradero del reo Restrepo.

 

Por su parte, la ciudadanía decente no puede seguir apoyando al ex dictador mafioso, Álvaro Uribe Vélez, quien continúa delinquiendo y conspirando como ficha incondicional de la extrema derecha internacional, e insiste en retomar su dictadura interna a la primera oportunidad que se le presente.

 

Desde luego, Uribe también ha incurrido en el delito de encubrimiento, que carece de importancia ante el de entrenamiento de paramilitares de que lo ha acusado recientemente Iván Cepeda, o ante tantos otros, tan atroces como los falsos positivos y las fosas comunes.

 

Por eso es que desea que permaneciesen impunes mediante el restablecimiento del fuero militar y sus farsas judiciales, sufridas y denunciadas valientemente por las madres de Soacha que perdieron a sus hijos y tuvieron que soportar que fuesen señalados como criminales por los verdaderos criminales al servicio del régimen oprobioso impuesto por notables sicópatas mitómanos, ambiciosos, inescrupulosos, cínicos y desvergonzados.

 

En cuanto a sus burlas deliberadas y patentes a la justicia colombiana, Uribe no ha negado sino que se ha ufanado de su encubrimiento y protección a la ex directora del DAS, María del Pilar Hurtado, otra delincuente reo de la justicia, que fue funcionaria durante su dictadura, nombrada por el mismo dictador directamente, quien antes le había asignado ese mismo cargo a Jorge Noguera, hoy procesado por paramilitar.

 

A la señora Hurtado no tuvo inconveniente en conseguirle asilo en Panamá, aprovechando que Ricardo Martinelli es otra ficha incondicional de la derecha internacional que tanto aprecia al incansable e irreductible Uribe.

 

De todos modos, aunque José Obdulio sea el Rasputín o el Montesinos del régimen y se haya considerado íntimamente como el verdadero líder en su condición de ideólogo mayor, la gravedad de la culpa es superior en quien ostenta la calidad de ex presidente.

 

No importa que Uribe la haya obtenido espuriamente gracias al ejercicio impune de ocho años de dictadura, durante los cuales, desde que se posesionó la primera vez en 2002, comenzó a pisotear la Constitución de 1991, tanto como las leyes que le estorbasen y las instituciones que le impidiesen cometer sus desafueros.

 

Tal es el caso patético con los ministerios que fusionó para evitar que los funcionarios tuviesen manera y recursos para oponerse a sus atentados contra la salud de los ciudadanos o contra el medio ambiente o contra las conquistas sociales o contra la existencia misma de los sindicatos que podrían oponerse a tantas canalladas.

 

Así procedió porque la legalidad que admira y acata es la de la aristocrática constitución de Rafael Núñez, impuesta en 1886 por este personaje para derogar la ejemplar constitución de 1863, promovida por Tomás Cipriano de Mosquera y que tanta prosperidad le trajo al país mientras rigió, lo cual fue motivo para que la teocracia católico-conservadora reaccionaria, reaccionara resucitando la barbarie de las guerras civiles, hasta que logró imponer el esperpento absolutamente antidemocrático de 1886.

 

Como es evidente -y cada día aparecen más pruebas y testimonios irrefutables para confirmarlo, incluyendo las declaraciones de los bandidos a quienes traicionó-, el acceso de Uribe a la presidencia se consiguió con los votos cautivos de la mafia, más los de los ingenuos ciudadanos honestos que creyeron que, efectivamente, era capaz de derrotar a la guerrilla en un año, si contaba con el respaldo pleno de la sociedad.

 

Esta se lo brindó, y la camarilla mafiosa, neoliberal y pro sionista lo aprovechó para abusar cómo le dio la gana.

 

Pero la prometida derrota a la guerrilla nada que se vio, ni se ha visto con Juan Manuel, que tan duro le ha dado. Así como tampoco se ha podido ver en los 50 años anteriores, a pesar de que, desde que surgió, todos los presidentes se la han propuesto, la han prometido y la han intentado con medios diversos, prioritariamente violentos, pero todos ellos fracasados.

 

Sin embargo, el furibismo es tan cínico que sigue vendiendo la idea de que él sí es verdaderamente capaz de derrotarla. Pero insiste en que no es posible si el presidente no es Uribe, pese a que los triunfos de que éste se vanagloria los obtuvo Juan Manuel, cuando fue su ministro de defensa patrocinador de los falsos positivos. Y sus éxitos los ha replicado como presidente, dando de baja a destacados jefes de las FARC tanto como a delincuentes comunes de gran figuración dentro del hampa colombiana y regional.

 

La razón para su vesánica determinación genocida reside en su concepción autocrática de la sociedad. Ésta los lleva a despreciar a las mayorías tradicional y despiadadamente oprimidas, pues, contra toda evidencia histórica y social, consideran que el problema de la subversión es un asunto de algunos caudillos ambiciosos que se han alzado en rebelión armada porque poseen una naturaleza díscola incapaz de admitir la disciplina social que garantiza el orden y la paz... de los sepulcros.

 

De ninguna manera están dispuestos a reconocer que se trata de una reacción popular genuina y razonable, con profundas raíces en la histórica desigualdad social, de modo que es imposible resolverla con métodos exclusivamente represivos.

 

Mientras la injusticia continúe, habrá muchos reemplazos para Tiro Fijo. Y es indiferente si los matan; pues el asunto no es individual, por mucho que nos entristezca o nos alegre el asesinato de los valientes que han preferido morir de pié, desarrollando una lucha justa que habrá de coronarse con la victoria social, así masacren a todos los guerrilleros y a muchos de los civiles que los apoyan, empleando las sofisticadas y poderosas armas que el Imperio les facilita a los cipayos.

 

A pesar de los esfuerzos de los medios de comunicación al servicio de los potentados para ocultar la verdad, es evidente que la insurgencia guerrillera se ha expresado, desde el asesinato de Gaitán, con claras características de lucha de clases sociales antagónicas.

 

Lo demuestra el hecho de que ha contado con el apoyo masivo de la población, abandonada y condenada al despojo de su entorno y a la muerte de sus miembros indefensos, por orden y decisión soberana de los caciques tradicionales de ambos partidos.

 

No obstante, los medios de manipulación y desinformación se esmeran en ocultarlo mientras insultan y descalifican a los guerrilleros, negándoles su carácter de delincuentes políticos resueltos a derrotar el régimen oprobioso que los trata tan mal, casi tanto como a sus inermes bases sociales.

 

Sin duda, los vendepatria ya habrían negociado los recursos existentes en las zonas donde operan las guerrillas en caso de que éstas no actuasen, impidiéndolo.

 

Obviamente, constituyen un obstáculo objetivo que aleja a los inversionistas saqueadores, lo cual, a su vez, priva de sus comisiones a los lacayos incondicionales del Neoliberalismo.

 

 

Tan severa transformación en lucha de clases de las guerras civiles partidistas que usaban los caciques políticos -o sea, los tradicionales “rivales” liberales y conservadores que protagonizaron las numerosas guerras civiles del s. XIX e incentivaron la violencia de los 1950- para despojar a los colonos que poco a poco iban abriendo la frontera agrícola en la joven república burguesa fundada por los libertadores, los convenció de que esa forma de enriquecimiento ya no les convenía.

 

Esta madura reflexión explica que hayan zanjado su guerra liberal-conservadora de mediados del s. XX con un acuerdo entre los patricios de los dos partidos.

 

Crearon el llamado Frente Nacional acudiendo a un referendo absolutamente amañado, donde no existían boletas para votar por el NO.

 

Procedieron pese a la oposición de los sectores más apegados a la teocracia católica que siempre dio el visto bueno a los presidentes durante las hegemonías conservadoras, así como tampoco dejó de calumniar y perseguir a los liberales ni de fanatizar a las masas de ambos partidos, fomentando sus fratricidas enfrentamientos mutuos, que tanto favorecían a los cacique de ambos partidos convirtiéndolos en prósperos terratenientes, aunque siempre parasitarios y exentos de tributarle al fisco.

 

En la actualidad, esa república burguesa que pretendieron constituir los “libertadores” -matizada con un notable precapitalismo que los cipayos consideran atraso y que Fernando González se esmeraba en superar ofreciéndonos como colonia para las razas superiores- ha decaído demasiado bajo la férula del Neoliberalismo y la mafia.

 

Ha sido algo evidente, sobre todo, tras la nefasta dictadura furibista, que Santos ha continuado, aunque con un estilo más civilizado y cortés que el de Uribe.

 

Sin embargo, los impostores que posan de decentes no tienen inconveniente en seguir apoyando a Uribe, así les toque afrentar a Santos.

 

Lo hacen particularmente aquellos que incurrieron en alguno de los innumerables negociados y crímenes de lesa humanidad, o de extrema gravedad ambiental o económica que amparó y prohijó la dictadura.

 

De hecho, reelegir al incoherente y soberbio gurú de Salgar es la última carta que les queda para evitar pagar sus delitos; que Santos ha de cobrarles si no quiere sufrir la venganza de tan tenebrosos y macabros bandidos, en caso de que retomen el poder que otorga el ejercicio del gobierno constitucional.

 

Esto, de todos modos, no les quedará tan fácil en la medida en que los votos cautivos de los narcotraficantes de derecha les sean negados por aquellos bandidos que, ahora, se sienten traicionados y con deseos de vengarse.

 

Se basan en que fueron extraditados y están presos en USA, sin el goce pleno de sus derechos civiles y políticos que les ofrecía el proyecto original de la ley de justicia y paz, y que Báez y Mancuso disfrutaron interviniendo en pleno Senado de la República como auténticos salvadores de la patria.

 

En tanto, sus compinches, algunos meros narcotraficantes que, oportunistamente, adquirieron patente de paramilitares ex profeso, disfrutaban del calor de Santa Fe de Ralito, supuestamente redimiendo sus delitos y haciendo las paces con la sociedad mientras esperaban participar plenamente, como candidatos a los cargos públicos, en las campañas electorales que se avecinaban.

 

No obstante, tras las traiciones sufridas, ya están persuadidos de que no les cuajó la refundación mafiosa, neoliberal y fascista de la patria. Pero no están dispuestos a que sus compinches de cuello blanco disfruten de impunidad siendo tanto o más culpables que ellos.

 

Al efecto habrán de aportar pruebas irrefutables que la camarilla vitanda no podrá negar, ni rebatir su gravedad. O sea, con ellas la justicia quedará en evidencia si sigue eludiendo el enfrentamiento institucional con los bandidos que ejercieron la dictadura.

 

Pero los decentes de verdad, que cayeron en las seducciones del hábil culebrero y chalán de Salgar, no tienen derecho a seguir apoyándolo si desean seguir siendo decentes, negándose a convertirse en impostores o “sepulcros blanqueados”, como prefería llamarlos Jesús.

 

Como en todo durante esta época de turbulencia, la decisión es personal y depende de la calidad de tus valores éticos; es decir, de tu conciencia.

 

Al menos es de esperarse que no te niegues a admitir lo obvio, por amor al gurú y odio a la “Negra” Piedad Córdoba.

 

Tal binomio afectivo ha guiado a los apasionados e irreflexivos furibistas desde que el chalán logró sus sueños de infancia alcanzando la presidencia, que ejerció como un dictador con aspiraciones y gestos patriarcales, ciertamente ridículos pero conmovedores para sus huestes de campesino rudos.

 

Por fortuna, muchos están despertando y recuperando su embolatada dignidad. Si lo deseas, puedes integrarte a ellos sin necesidad de afiliarte a nada. Simplemente, actuando con honestidad. ¡No lo olvides cuando tomes tus decisiones!

 

¡Estás vivo! Ese es el único requisito indispensable para poder actuar ante la barbarie, ya sea en contra o a favor. Y para hacerlo no necesitas permiso de nadie; basta con que sigas los mandatos de tu conciencia.

 

Ten en cuenta que el tiempo para reaccionar con eficacia se nos acaba, y que si los sionistas y sus émulos logran desatar la tercera guerra mundial, posiblemente ya no podrás hacer nada diferente a enfrentar el fin de los días con resignación.

 

Al menos, es lo que desea el globalismo plutocrático que está acabando con todo para cumplir lo que los sionistas y demás herederos de Abraham denominan el “plan de dios”.

 

De cada uno depende que lo puedan culminar, o de que se les impida hacerlo reemplazándolo con una sociedad plana y global, gratificante para todos, que supere el aterrador ciclo de la Historia y nos garantice una vida digna a todos y a cada uno.

 

En eso consiste la importancia política y social de cada individuo cuando se practica la verdadera democracia. Cada uno es uno y no más, pero tampoco menos, de modo que cada individuo que se sume a una causa es significativo.

 

En consecuencia, cuando las mayorías coinciden nadie tiene suficiente poder para oponérseles, como lo veremos pronto a nivel mundial, en caso de que seamos capaces de impedir que los sionistas se salgan con la suya y podamos reemplazar la Historia con la anhelada Sociedad Democrática Global. De lo contrario, no veremos nada, pues el exterminio enceguece.

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