Bolivia: Lo que esconde la marcha indígena

Publicado en por unidad-popular.over-blog.es

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Por Juan Carlos Zambrana Marchet

 

El medio ambiente y los derechos de los indígenas, son temas tan importantes que el conflicto entorno al tramo II de la carretera que pasa por el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), captó rápidamente la atención de la opinión pública aunque no se conociera el meollo del asunto. La información disponible era insuficiente para hacer un análisis honesto, lo que daba la impresión de que algo oculto había en el conflicto. Los marchistas pedían diálogo, pero condicionado a que fuese sólo con el presidente, y bajo la presión de hacerlo en medio de la marcha de protesta. Un pedido irracional con la única función de bloquear el diálogo que se pedía en el discurso.

 

Eso cambió el día en que se publicaron los 16 puntos que demandaban discutir. Resultaron ser reveladores, no sólo por su contenido, sino además por sus omisiones, y por lo que demostraban con respecto al precio que pagan las causas justas por el apoyo que reciben de fuentes injustas. El pedido original sufrió una mutación tan grande que sólo uno de los 16 puntos tocó el tramo II de la carretera, y lo hizo una vez más sin proponer solución propia ni opinar sobre las cinco alternativas ofrecidas por el gobierno. Los demás puntos pretendían simplemente extender el conflicto a todo el territorio nacional.

 

 Eso quedó expuesto cuando los marchistas se olvidaron de pedir, por ejemplo, la penalización para quien plante coca en el parque, y prefirieron pedir de inmediato el censo nacional que reclama un sector de la oposición a Morales. Se olvidaron de proponer la ruta que prefieren, por pedir la paralización de la explotación petrolera en Tarija, cuestionando la política energética del gobierno como lo hace otra parte de su oposición.

 

Empezó a aceptarse como concebible la aberrante idea de que hasta las banderas de la ecología y el indigenismo habían sido utilizadas por intereses mezquinos extraños al TIPNIS. El gobierno empezó a presentar sus pruebas y entre esos intereses aparecieron los hegemónicos de Estados Unidos, los engañosos de algunas ONGs, los políticos de la oposición, y los económicos de la legión de sectores interesados en el tráfico de tierras y madera, sin olvidar los de las grandes industrias agrícolas transnacionales, que se oponen al proyecto del Chapare como polo de desarrollo bajo el modelo productivo comunitario. Lo que pudo ser una legítima preocupación de los indígenas del TIPNIS terminó siendo una alianza de las fuerzas opositoras al gobierno popular y anti-colonialista de Morales.

 

Desde el punto de vista de la razón, es un error garrafal de algunos dirigentes indígenas del Tipnis hacer de este conflicto el detonante para la masificación de la protesta que pretende la oposición. Es tan irracional y tan desubicada la entrega que han hecho de su causa, que carece de simpatías, aunque la prensa opositora se empeñe en fabricarla a punta de publicar desinformación.

 

El desarrollo de los acontecimientos, y la forma en que la prensa de derecha cubre la noticia, demuestran claramente que se sigue un formato desestabilizador. Todos los movimientos, resoluciones adoptadas, declaraciones hechas, y cobertura periodística, siguen al pie de la letra los manuales conocidos de agitación subversiva con apoyo mediático.

 

Esto no es más que el accionar de una oposición frustrada que, ante la carencia de representatividad política para canalizar sus aspiraciones, recurre al método de crear conflicto entorno a los cambios propuestos por el gobierno, para de alguna forma meterse en la solución, como si ellos fuesen los salvadores del pueblo.

 

Con respecto a las formas de distorsión mediática para sacar el conflicto de su cause original, dice el escritor Noam Chomsky, “Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un cortocircuito en el análisis racional.” Eso es exactamente lo que la prensa opositora intenta hacer, publicando constantemente fotografías de jóvenes mujeres cargando en sus brazos a sus hijos de corta edad. Menciona la inclemencia del clima, la carencia de alimentos y las dificultades que confrontan los marchistas, nada de lo cual está relacionado de forma alguna con la solución del problema, y que más bien demuestra la utilización y abuso que se hace de esos sectores frágiles de la sociedad.

 

Mantener al público en la ignorancia y hablarle como si fuesen niños, son otros de los métodos utilizados para desinformar, pero nada de eso les permitirá imponer su irracionalidad. Ningún método le servirá a la oposición para impedir el avance del cambio hacia la descolonización, por la simple razón de que el gobierno de Morales es un gobierno con legitimidad que se apoya en la verdadera voluntad de las grandes masas populares.

 

Es demasiado simplista pensar que porque Evo llegó al poder por el apoyo indígena, la opción para derrocarlo sería manipular esa voluntad indígena. Es demasiado simplista pensar que los métodos de resistencia contra las dictaduras y los gobiernos traidores a los intereses del pueblo, puedan funcionar contra un gobierno popular, y es simplista que la prensa de la extrema derecha siga apostando a la ignorancia del pueblo boliviano.

 

Mejor favor se harían los dirigentes opositores de las comunidades del TIPNIS desprendiéndose del apoyo circunstancial de sus eternos enemigos, que está descarrilando su causa original, para poder concentrar esfuerzos y voluntades en beneficio de su gente y su territorio: la protección del medio ambiente y de sus tierras, la elección más conveniente para el paso de la carretera, y el acceso de sus comunidades a los servicios de salud, educación, y protección de sus medios de vida, lo que incluiría la penalización para quien plante ahí la hoja de coca. Para encontrar esa solución, el conflicto del TIPNIS tiene que volver a su cauce original.

 

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